La sala de espera de un hospital público no tiene paredes, pero sí tiene frío, asfalto y una incertidumbre que te hiela hasta los huesos. Afuera del Hospital Civil Dr. Miguel Silva, las aceras se convierten cada noche en habitaciones improvisadas. Decenas de personas pernoctan a la intemperie con el único propósito de cuidar a quienes están siendo atendidos dentro. Vienen de Aquila, de la meseta purépecha o de Tierra Caliente. Son familias enteras que han renunciado a sus tra