Engalanarse con conciencia
- Carlos A. Valenzuela

- 3 mar
- 2 Min. de lectura
Opinión | Identidad profesional y compromiso social
La bata no hace al salubrista
Entre el estatus y el servicio, la verdadera vocación se decide lejos del consultorio
La bata blanca, la filipina o los scrubs no son simples prendas: son símbolos. Pero cuando el símbolo se impone al compromiso, corremos el riesgo de confundir autoridad con vocación. Tal vez el problema no esté en lo que vestimos, sino en lo que decidimos representar cuando lo hacemos.
Si la bata blanca, la filipina o los scrubs —porque claro, no pueden faltar los anglicismos en nuestro pulcro idioma— se vistieran conscientemente con lo que representan: responsabilidad, humanismo y vocación de servicio al prójimo… sin elitismo ni engreimiento… muy probablemente pasaríamos de la teoría a la práctica con un compromiso social mucho más sólido.
Y es que, no me malentiendan: hablo desde mi propia óptica, desde mi trinchera en el aula —tanto pública como privada—, donde he tenido la dicha de convivir, observar e instruir en su formación, con un fuerte enfoque social y preventivo, a médicos, odontólogos, enfermeros, nutriólogos, fisioterapeutas y psicólogos. Sin generalizar en lo absoluto, muchas veces terminan representando ese anhelado rango profesional proyectando un estereotipo de su oficio: autoridad, intelecto y estatus. Una imagen culturalmente transmitida por nuestro propio sistema de salud.
“La prenda puede hacerte parecer un actor de cambio; pero solo el trabajo con la población te convierte realmente en uno.”
Si el significado simbólico de una prenda influye en cómo pensamos y actuamos —como lo plantea la psicología de la ropa—, entonces habría que re-significar esas prendas profesionales para portarlas como lo que deberían ser: emblemas de ética, aptitud y compromiso social. Engalanarse con conciencia.
Y no se trata de abandonar una identidad construida durante años, sino de enfatizar su sentido en la formación ética y en el servicio social, donde la bata blanca, la filipina y los scrubs lucen de maravilla en la comunidad. Porque la salud no se limita a la restauración del bienestar. Nos obliga a observar las condiciones materiales y sociales que rodean a las personas en contextos de enfermedad.
¡Pero claro! Nuestra cultura sanitaria sigue privilegiando la atención de la avería corporal tras su manifestación en signo o síntoma. Y es ahí donde el estereotipo de cierto personal de salud se refuerza: todo desde un consultorio.
Siempre he dicho que me toca impartir la materia más difícil. ¿Cuál piensan que es? ¿Anatomía, bioquímica, fisiología, neurociencias, farmacología? ¡Para nada! Salud Pública. Y en esencia no es una disciplina complicada; lo complicado es lograr que despertemos el interés y la importancia que merece.
“Aquí no solo hablamos de enfermedad, sino de determinantes; no vemos cuerpos, sino personas; no pensamos solo en fármacos, sino en políticas públicas.”
Porque en Salud Pública no trabajamos únicamente en hospitales, sino en comunidades. No portamos únicamente bata, filipina o scrubs, sino sentido de pertenencia y vocación. Aquí hablamos del gobierno, de política, de historia y hasta nos permitimos filosofar.
Tal vez el verdadero reto no sea cambiar la prenda, sino el significado que decidimos encarnar cuando la vestimos. La Salud Pública no se ejerce desde el pedestal del estatus, sino desde el compromiso cotidiano con la comunidad. Y eso —más que cualquier uniforme— es lo que realmente nos distingue.


Comentarios