La Salud Pública: la pieza olvidada en la formación médica en México — y por qué es urgente recuperarla
- saludpublicadigital
- 1 dic 2025
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La salud no empieza en el hospital: empieza en la comunidad
Hablar de salud en pleno siglo XXI implica mirar mucho más allá del consultorio. El bienestar integral de una persona depende de factores políticos, sociales, económicos, culturales, ambientales y geográficos. Esta complejidad exige una visión amplia, transversal y profundamente humana. Ahí es donde nace y se sostiene la Salud Pública.
México, como muchos países de la región, enfrenta hoy una paradoja: mientras los problemas de salud pública se vuelven más complejos, la formación médica continúa anclada en un modelo hospitalario que deja fuera buena parte de lo que realmente determina la salud de la población.
En este artículo exploramos por qué la Salud Pública debe convertirse en la piedra angular de la educación médica en México y cómo esta transformación podría reducir inequidades, mejorar la atención y fortalecer el vínculo entre profesionales de la salud y las comunidades a las que sirven.
Salud Pública: un concepto que exige acción colectiva
La Salud Pública surge del reconocimiento de que ninguna persona o institución puede garantizar la salud de una población por sí sola. La participación activa de todos los sectores —gobierno, academia, instituciones de salud y comunidades— es esencial para promover bienestar, prevenir enfermedades y generar entornos saludables.
En 2005, la OMS impulsó este enfoque integral mediante la Comisión de Determinantes Sociales de la Salud (DSS). Poco después, la OPS definió las 11 Funciones Esenciales de Salud Pública (FESP), que subrayan la importancia de la capacitación, la planificación, la innovación educativa y el desarrollo de recursos humanos competentes.
Sin embargo, en México, la formación médica no siempre refleja estos principios.
Cuando la formación se queda corta: estancamiento y vacíos en Salud Pública
Diversos estudios han evidenciado que los programas de formación en salud en México han permanecido estáticos, especialmente en lo referente a Salud Pública y Atención Primaria en Salud (APS). Muchos recién egresados reportan incertidumbre al iniciar su práctica profesional, atribuyendo esta inseguridad a vacíos en su formación de pregrado.
Mientras los currículos se concentran en la enfermedad y el tratamiento, dejan poco espacio para entender los DSS, la prevención, la equidad o el diseño de estrategias comunitarias. Esto provoca que, en la práctica, el sistema se vuelva hospitalocéntrico, curativo y dependiente de altos niveles de especialización, aislando a las comunidades rurales y perpetuando inequidades.
La APS: base de un sistema equitativo y orientado a la comunidad
La Atención Primaria en Salud debería funcionar como el primer nivel de contacto, con alta cobertura, baja complejidad técnica y una profunda vinculación comunitaria. Incluye acción intersectorial, participación social, desarrollo profesional, trabajo interdisciplinario y un enfoque de equidad.
Aun así, su implementación enfrenta desafíos persistentes:
Enfoque centrado exclusivamente en la enfermedad.
Inequidades estructurales.
Baja capacidad resolutiva del primer nivel de atención.
Fallas regulatorias y financieras.
Desconfianza entre actores vinculados al sistema de salud.
La APS no puede funcionar solo como una estrategia sanitaria: requiere un entramado político, económico, académico y social que avance en conjunto.
Recursos Humanos en Salud: una urgencia subestimada
México presenta importantes carencias en la generación y formación de recursos humanos en salud. La educación médica suele dejar fuera conceptos clave como APS, DSS y promoción de la salud, lo que deriva en profesionales técnicamente preparados, pero sin herramientas para enfrentar los retos reales de su comunidad.
La Declaración de Alma-Ata ya lo adelantaba: los RRHH son la herramienta principal para transformar la salud de una población. Su formación debe estar en contacto con:
La comunidad,
las instituciones de salud locales,
los tomadores de decisiones,
y la academia.
La participación activa de la población no es opcional: es un componente indispensable.
Universidades y Responsabilidad Social: más allá del aula
La formación en Salud Pública requiere un compromiso profundo de las facultades de medicina. La Responsabilidad Social Universitaria implica abrir las puertas a la comunidad, escuchar sus necesidades y responder con herramientas, investigación, prácticas y servicios pertinentes.
Para ello, las universidades deben:
Reorientar sus prioridades educativas e investigativas.
Mejorar la gobernanza y alineación con actores comunitarios.
Fortalecer la calidad educativa y la pertinencia social.
Promover prácticas comunitarias reales y sostenidas.
El modelo hospitalario, por sí solo, no basta.
Competencias clave del profesional de la salud para el México actual
Los nuevos retos sanitarios requieren profesionales con capacidades más amplias que la destreza clínica. Entre las competencias esenciales destacan:
Enfoque integral y trabajo interdisciplinario
Coordinación entre niveles de atención
Buen trato y atención centrada en el individuo y la familia
Manejo de sistemas de información
Análisis crítico de evidencia científica
Conocimiento en epidemiología y promoción de la salud
Respeto y reconocimiento de prácticas tradicionales
Liderazgo, comunicación y trabajo colaborativo
Estas competencias permiten articular redes de servicios de salud equitativas, integradas y orientadas al bienestar de poblaciones específicas.
El diálogo intercultural: un puente necesario
México es un país con una riqueza cultural enorme. Comprender las representaciones sociales de salud y enfermedad, las tradiciones comunitarias y los enfoques locales es fundamental para diseñar estrategias de promoción efectivas.
El diálogo entre medicina tradicional y medicina occidental debe ser un punto de encuentro, no de conflicto. Solo así se puede construir confianza y favorece la participación activa.
La gran deuda: comunidad ausente, currículos incompletos
Actualmente, muchos programas de educación médica mantienen al estudiantado dentro del hospital. Esto refuerza el enfoque biomédico y reduce la posibilidad de comprender los problemas de su entorno, sus limitaciones y sus oportunidades.
El resultado es un sistema que forma especialistas para las ciudades, dejando a las zonas rurales con escasez de atención y profundizando las brechas de inequidad.
La Salud Pública debe ser transversal en toda la carrera, no una asignatura opcional o aislada.
Hacia una nueva generación de profesionales comprometidos con la equidad
México necesita reformar la formación médica para colocar la equidad, los DSS y la APS en el centro de la educación. Esto implica:
Asegurar docentes capacitados y comprometidos.
Integrar metodologías participativas y experiencia comunitaria desde etapas tempranas.
Formar líderes sociales, no solo expertos clínicos.
Impulsar el trabajo interprofesional e intersectorial.
Crear marcos legales como una ley de talento humano en salud.
La meta: una generación de profesionales éticos, humanistas, críticos y preparados para promover salud, no solo para tratar enfermedad.
La Salud Pública no es una opción, es el camino
Para transformar el sistema de salud mexicano es imprescindible transformar primero la manera en que formamos a nuestros profesionales. La Salud Pública —enfocada en la comunidad, la equidad y la prevención— debe convertirse en el eje formativo que permita construir un sistema más justo, más humano y más efectivo.
Volver a la comunidad es volver al origen de la medicina.
¿El siguiente paso?
Impulsar desde las instituciones educativas, los gobiernos y la sociedad una formación médica centrada en las personas, respetuosa de la diversidad y comprometida con la equidad en salud.

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